Conferencias

La Agrupación guerrillera de Roberto. Conferencia de José Aurelio Romero sobre el maquis en la Axarquía

 

El 28 de marzo, el historiador José Aurelio Romero Navas departió y compartió con una treintena larga de interesados sus extensos y profundos conocimientos sobre la IX Brigada de la guerrilla que operó en las Sierras de Granada-Málaga, en el arco que va desde las Sierras de Jobo y Comarolos a la Sierra Cázulas, incluyendo el inmenso macizo alpujarróide de las estribaciones de Sierra Nevada y las Sierras de Tejeda y Almijara. El período que abordó es el comprendido entre 1937, desde la entrada de las tropas nacionales en Málaga, hasta 1943. Aunque el término maquis se generalizó a partir de la Segunda Guerra Mundial, por influencia de la resistencia francesa (el maquisard), el conferenciante prefirió el término guerrilla por resultarle más tradicional desde que se popularizó con la Guerra de Independencia.

 

José A. Romero inició su exposición considerando que la guerra civil realmente no terminó el año 1939, sino que a partir de ese año empezó la guerra contra los vencidos, que por haber retornado a su pueblo y verse amenazados, por miedo a las denuncias y represalias o por haber escapado de campos de concentración, huyeron al monte. Por este motivo distinguió tres etapas en este proceso: la de los huidos, la de las partidas locales y la de la Agrupación guerrillera de Roberto, que es como era conocida la IX Brigada, debido a la fuerte personalidad del dirigente comunista Juan Lozano Muñoz, “Roberto”.

 

Según el conferenciante, los huidos apenas fueron molestados, salvo de modo intermitente y aislado por patrullas de falangistas, ni molestaban. Se movían cerca de sus pueblos, eran ayudados por sus familiares e incluso trabajaban en el campo; los robos en cortijos fueron contados. La formación de partidas de bandoleros, entre 4 ó 5 y11 ó12, se produjo en los primeros años, pero, a partir de 1944, con las expectativas de los antifranquistas de que una victoria aliada en la II Guerra Mundial acabara con el régimen de Franco, se planearon primero grupos para colaborar en una hipotética ocupación aliada desde Orán y Túnez, y después una agrupación militar. Ya en 1944 se organiza la ocultación de armas entre Nerja y Maro y el 15 de noviembre de ese año aparece el dirigente Ramón Vías con armamento americano en Cerro Gordo, que por su calidad era envidiado por la Guardia Civil. Por los expedientes militares se sabe además que los americanos llegaron a pagar 2.000 dólares por mes a “Joya” y otros.

 

Sin embargo, los guerrilleros fueron víctimas de un error de percepción. No fueron recibidos por multitudes ni les aclamaron como liberadores. La mayoría de las llegadas fracasaron salvo la de Joaquín Centurión. En Adra hubo 10 muertos y 1 herido. Cerca de Alhama acabó diezmada en una emboscada una de los dos partidas que se habían organizado desde la costa. Otros desparecieron durante las dos noches y un día que duraba la travesía.

 

La guerrilla propiamente dicha comenzó con la presencia del cuchillero vallecano Ramón Vías, después de que Santiago Carrillo, supuesto responsable de su organización, fuera reclamado por  la Pasionaria a Francia y eludiera la responsabilidad por el fracaso hasta entonces de la operación de invasión. Ramón Vías, la figura que más admira el historiador, había participado en la Revolución de Asturias de 1934 como dirigente de UGT y fue de los últimos de los 2.500 republicanos que cogieron en Alicante el Stambruck, que tardó tres meses en llevarles a Argelia. Había huido de un campo de concentración, donde estaba sometido a trabajos forzados, y hecho prisionero como miembro de la resistencia francesa, antes de volver a escapar a Túnez. Al soportar las torturas, una vez lo detuvieron en Málaga, sin decir ni pío es poco lo que puede sacarse del proceso militar para conocer sus andanzas en Granada y Málaga y su labor guerrillera. Estuvo en la batalla de Cerro Lucero, antes de dirigirse a Málaga, donde intentó poner orden en la desastrosa situación del Partido Comunista (PCE) de la capital, asediado por eficaces policías infiltrados.

 

Lo que el conferenciante tiene por cierto es que Ramón Vías, tratando de aplicar la política del PCE de Unión Nacional, propuso integrar en la guerrilla y en la oposición al franquismo a todos con excepción de los falangistas. Aunque los anarquistas se mostraron contrarios, consiguió poner en pie una guerrilla de unos 20 hombres. En general, eran guerrilleros más movidos por el hambre, el miedo o las circunstancias de fuga, que no por las ideas y, salvo un grupo de reclutados en Granada, no tenían una ideología formada. También, las 500 pesetas que recibían de la “Soli” (organización clandestina de Solidaridad) era un reclamo, pues le hacían llegar el dinero a sus familias. Fue herido en Fornes, en un enfrentamiento, poco antes de volver a Málaga. Fracasada la política “buenista” del Teniente Coronel Ortiz, se impuso la línea de torturas y muertes, incluso a gentes que se acogían al perdón o al indulto.

 

En estas circunstancias, un guerrillero detenido en Málaga, que había quedado citado con R. Vías, dio el chivatazo que permitió la detención del dirigente, que, después de soportar sin hablar crueles torturas, escribió desde la cárcel su “Yo acuso”. Frustrado su suicidio, corrió su fama de héroe en la cárcel y se extendió a la capital y los pueblos, incluido Periana, la campaña “Salvemos a Ramón Vías”, consistente principalmente en una recogida de forma en apoyo de un escrito que fue entregado en varios consulados.

 

La huida de la cárcel el 1 de mayo de 1946, con otros 25, entre los que había asimismo anarquistas y presos comunes, le llevó a refugiarse en una pequeña granja del Camino de Suárez, donde permaneció del 1 al 26, a la espera de que el PC le sacara de allí para retornar a la zona de guerrilla.

 

El responsable de la operación, Ricardo Cabello Gómez de Acebo, un abogado e intelectual madrileño que había participado en la revista Luz, había sido enviado a Málaga por carrillo para hacerse cargo de la organización guerrillera, decisión que José Aurelio Romero considera poco acertada, dada la no idoneidad de su personalidad para tales menesteres, como errada fue la precipitación de Cabello Gómez de Acebo por sacar de Málaga a Ramón Vías. Llegó incluso a presentarse en el Cortijo de Las Monjas, con otros cuatro guerrilleros, para conseguir dinero, 100.000 pesetas, por el rescate de Bolaños, al que consideraban un prestamista abusivo o aprovechado, el mismo día que secuestraron en Sábar al propietario de la molina de aceite, que tuvo que pagar 150.000 pesetas. Para valorar lo que significaban estas cantidades, vale la comparación con el valor de un jornal de entonces, que estaba entre las 10 ó 12 pesetas.

 

La fatalidad de Ramón Vías vino de la adicción a la bebida y la ludopatía de quien le acogía, Salvador Bermúdez. Su mujer, en uno de los enfrentamientos con el marido, denunció a su marido, a Ramón Vías y a daza, quien había huido cuando le faltaban 15 días para salir de la cárcel. Los tres fueron muertos en aplicación de la “ley de fugas”. La posterior detención de Cabello Gómez de Acebo dio lugar a ala detención de gran parte de los 69 nombres que llevaba con él, incluyendo gente cuyos nombres habían sido dados como simples estafetas. Por ello fue boicoteado en la cárcel, de manera injusta, según José Aurelio, porque le asignaron una responsabilidad para la que no estaba capacitado y resistió a las torturas sin delatar a nadie, ni siquiera a los tres enlaces de la Viñuela, los hermanos Moya.

 

Fueron en estas circunstancias como asumió el mando de la guerrilla el tercero de a bordo de la Unión Nacional, Juan Muñoz Lozano, Roberto, con el apoyo de los hermanos guerrilleros Jurado Martín. En tres meses pasó de dirigir 28 guerrilleros a 120, con lista de espera de candidatos, cuya aceptación estaba condicionada a las posibilidades de abastecimiento. Después de la caída de Cabello Gómez de Acebo, Roberto había escapado precipitadamente a Almería para ponerse en contacto con Madrid, donde estaba la dirección interior del PCE y de la U.N., y con Sevilla, donde se encontraba la dirección regional de la guerrilla. Así fue como llegó a la sierra, con su pierna arqueada por heridas de guerra en los frentes de la Guerra Civil, consciente de las dificultades de la viuda de guerrilla en sierras abiertas, obligados a vivir en sedes provisionales, en permanente vigilancia y con problemas para el aprovisionamiento.

 

Su capacidad de organización y liderazgo, que aplicaba con disciplina y crueldad si era preciso, le valieron una fama de héroe, hasta el punto de confundir la Agrupación Guerrillera con su nombre. Organizó a sus 150 hombres de la IX Agrupación (por la IX Agrupación en la se alistó durante la guerra) en dos batallones, el VI Batallón de Málaga y el VII Batallón de Granada, con un Estado Mayor y una plana mayor de adictos y compañías de 10 hombres, siguiendo el criterio de su proximidad a los pueblos. Estableció además un eficaz sistema de comunicaciones telefónicas y de aviso. 

 

Los problemas que motivaron el declive de la guerrilla se presentaron cunado resulta prácticamente imposible actuar, mientras cada vez actuaban con mayor libertad la Guardia Civil y el Ejército. Aunque los guerrilleros salieron mejor parados de los cuatro grandes encuentros a los que se vieron forzados, sobre todo en Cerro Cisne, Cerro Lucero y las Piñas, el goteo de quienes murieron en los apostaderos de la Guardia Civil se acercó a los 300 muertos. Algunos guerrilleros, escarmentados por las represalias que los guardias tomaron en Frigiliana con los familiares, empezaron a tener miedo de actuar.

 

 

Uno de los principales problemas de la guerrilla era la de financiar los equipamientos y alimentación (comida y vestimenta adecuada). Del dinero de los rescates sólo el 50 % quedaba para sufragar gastos de la guerrilla. El 20 % era destinado al Comité Central del PCE y el 30 % a las familias de los guerrilleros. En realidad, la guerrilla dio vida a mucha gente de los pueblos, que cobraban 50 pesetas por acarreo y 150 pesetas si era con caballería. Esto limitaba el número de guerrilleros sostenible. Además, el recurso de los secuestros se complicó cuando la Guardia Civil recibió órdenes de detener a los familiares de los secuestrados que pagaran rescate, por lo que se evitaba denunciar los secuestros. De esta regla general resultaron exentos altos cargos, como el Gobernador Militar de Granada, Joaquín Milans del Bosch, por el que los militares entregaron 400.000 pesetas en un rescate frustrado, y el banquero granadino Rodríguez Acosta, secuestrado por anarquistas, por el que pagaron 500.000 pesetas.

 

No les perjudicó la práctica de los secuestradores simulados de los pueblos, que pedían dinero en nombre de la guerrilla. Estos suplantadores eran fácilmente detectados por la Guardia Civil, pues sus garabatos no se correspondían con los escritos de la guerrilla.   

 

Otro problema acuciante fue que la prohibición de tránsito por el campo desde el anochecer y  el incremento de controles produjeron la muerte de un gran número de enlaces.

 

El viaje de Roberto a Madrid, donde fue detenido en compañía de su amante, la “tangerina”, se hizo para establecer contacto con la dirección del PCE, del que llevaban unos dos años desconectados, olvidados o abandonados. Las circunstancias internacionales habían cambiado y desaconsejaban el mantenimiento de la actividad guerrillera. La caída de Franco ya no se veía inminente, como cuando se echaron al monte y entregaban bonos que serían resarcidos cuando cayera el régimen.

 

A raíz de su caída y delación, fueron fusilados, aparte del mismo Roberto, el jefe de la guerrilla en Andalucía, Ricardo Beneyto Sopena, preso en Sevilla desde hacía 2 años por otros motivos, el de la Agrupación de Roberto, Francisco Sánchez Cerón, el de Granada, Ramiro Fuente Ochoa, A. Jurado Martín y su cuñado J. Cuesta Ortega (éste, a consecuencia de una paliza)…

 

Resumen: R. N.

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