Conferencias

Conferencia de PEPE MOLINA

Los verdiales y la singularidad de la fiesta de Comares

 

 

El domingo 20 de enero había organizado la Asociación Cultural La Almazara una conferencia de Pepe Molina sobre los verdiales al estilo de Comares. Pepe Molina es un fiestero de toda la vida y conocedor como pocos de la música e instrumentos de los fandangos verdiales. De pequeño ya tocaba con su padre en las pandas de Comares y con el correr del tiempo se convirtió en el alma de la segunda etapa de la Panda del Santo Pitar del estilo Montes. En su haber hay grabaciones de enorme interés, que sirven de fuente para muchos estudiosos. También ha sido un investigador y un publicista incansable de los verdiales, cosa de la que podemos informarnos en la entrevista que Rafael Ruiz García publica en este número y en el anterior de Almazara. Al enterarnos de que le habían otorgado el premio que cada tres o cuatro años convoca la Federación de Pandas de la Provincia de Málaga, nos pusimos en contacto con él para que nos ofreciera algunas pinceladas de su sabiduría sobre los verdiales y, en particulares, sobre la fiesta al estilo de Comares, a lo que, como siempre, accedió con la mejor de las disposiciones.

 

La conferencia se convirtió en una celebración fiestera redonda, pues acudieron integrantes de la Panda de San Isidro y de la Escuela de Verdiales, encabezados por su coordinador, Antonio Díaz, y por su profesor, Francisco Bandera, respectivamente, con el apoyo de Paloma Díaz, fiestera total y actual concejala de fiestas y cultura. Pepe Molina no desaprovechó la ocasión para ilustrar algunos pasajes de su conferencia con una extraordinaria ilustración instrumental, rítmica, cantada y bailada de la fiesta.

                                                       

El conferenciante empezó recordando que los verdiales, en su origen, es una fiesta entre amigos, familiares y vecinos, que se celebraba de manera casi siempre espontánea al acabar las duras jornadas del campo y en los solsticios de invierno y primavera. Estas fiestas, improvisadas en eras, ventas y cortijos, a la luz de los candiles, se celebraban casi siempre al ritmo, baile y cante de los fandangos que acabaron por convertirse en una música nacional en el siglo XVIII. Ilustró esta afirmación con un relato de principios del siglo XIX (“Vida de Pedro Saputo”) en el que se describe una fiesta con pandero, vihuela, platillos y violín (“… hasta tres días seguidos, tocando siempre lo mismo pero siempre diferente…”) en la provincia de Huesca que podría considerarse una típica fiesta de verdiales y que parece ser que fue extendiéndose desde el sur; se señala incluso la costumbre de “salir de rifa” o “salir de pascua”.

 

Relató asimismo que Afán de Ribera narra cómo en la provincia de Granada se acompañaba el fandango con rifas para obtener aguinaldos que destinaban al culto de las ánimas y la presencia de “jugueteros”; estos juegos eran habituales en las fiestas por verdiales y maragatas en el mundo rural de los Montes y ámbito de los verdiales hasta hace dos décadas.

 

Traspasados por la emoción de los revezos que interpretó la panda, seguimos escuchando su explicación del ámbito geográfico de la modalidad de Comares, que abarca casi toda la Axarquía hasta Alfarnate; en realidad, comentó, el nombre de Verdiales debiera reservarse para la fiesta de Los Montes, donde se encuentra el “partido de Verdiales”.

 

Nos explicó Pepe Molina que el baile, ejercicio de atracción amorosa, es consustancial a la fiesta, pero que las pandas no acostumbraban a llevar baile por lo impropio de que las mujeres pasaran días con sus noches de lagar en lagar o de venta en venta. Los bailaores y bailaoras de la panda hicieron una demostración de la mudanza de baile entre hombre y mujer.

 

Los instrumentistas ilustraron asimismo la glosa que el conferenciante hizo sobre cada uno de los instrumentos del fandango verdial: el violín de tres cuerdas de probable origen en el rabel de dos cuerdas (el protagonistas de la melodía y melismas), las guitarras (rasgueadas según la tradición castellana antigua en los estilos de Los Montes y punteadas, al modo del laúd morisco, en los fandangos de Comares), la bandurria o el laúd (de origen morisco, que, aunque con melodía propia, se acopla con la del violín), el pandero (el instrumento más arcáico y fundamental para marcar el ritmo) y los platillos, que completan el ritmo del pandero, e igualmente arcáicos; según sus investigaciones existían hace cuatro milenios en la cultura hitita y llamados después albogues, palabra de origen morisco.

   

Pepe Molina terminó llamando la atención sobre la diferencia de celebrarse tradicionalmente la fiesta al estilo Comares respecto a los otros estilos; según nos expuso, la fiesta de Comares era familiar, preferentemente en casa o en las puertas de los cortijos, fuera de ocasiones especiales como las pascuas y los carnavales; por ese motivo, en la fiesta al estilo de Comares no era costumbre ir organizados en pandas con alcaldes y sombreros de abalorios.

 

La conferencia acabó como tenía que acabar, con unos revezos que nos pudieron los pelos de punta.

 

R. N.

Copyright © 2009. laalmazara.org